Talag y Almag

Esta historia ocurrió en Pangán, tierra de los imúes. Vivía allí en una hermosa princesa, hija del jefe de la tribu. Como ya era tiempo de contraer matrimonio, escogió como pretendientes a dos de los más valientes hombres de la tribu, Talag y Almag. Talag era violento y quería conquistar a la hermosa Silamag demostrando el poder que tenia. Almag, en cambio, era calmado y bondadoso, y mostró gran afecto y ternura por la princesa. Fue así como logró que Silamag se enamorara de él; como todavía no se podía saber de su amor, los enamorados escogieron un lugar secreto para encontrarse. Talag, al darse cuenta, de la elección de la princesa, decidió vengarse.

La costumbre entre los imúes decía que la princesa podía elegir a su esposo, pero en caso de que hubiera mas de un pretendiente, seria el padre el que decidiría cual seria el futuro jefe. Por esta razón no podían decir nada sobre su amor. Un día en que los amantes decidieron verse en el lago sagrado de Guaramag, Talag los esperó agazapado detrás de una piedra. Cuando aparecieron los enamorados, Talag se arrojo velozmente sobre el cuerpo desarmado de Almag y lo golpeo con una piedra. El inclemente Talag lo remato con un golpe en la cabeza y una puñalada en el corazón y después de arrojarlo al lago, miro triunfante a la bella Silamag, que lloraba desesperadamente. La hermosa mujer, que no soportó tal angustia, corrió a las aguas del profundo lago dejándose ahogar sin que el temerario Talag pudiera hacer nada.

Cuando cayó la noche, todos los imúes se impacientaron por la desaparición de la princesa y sus dos pretendientes. Al ver que no llegaban, salieron a buscarlos por todo el territorio, hasta que llegaron al lago Guaramag. La calma parecía indicar que todo estaba bien pero, de pronto, la voz de uno de los hombres les hizo volverse al lago.

__¡Miren ahí…. en el centro del lago! ___todos corrieron para ver lo que señalaba. Dos hermosas fuentes se erguían en el centro del agua y se entrelazaban formando un arco gigantesco. En un rincón del valle, Talag miraba con rabia y celos cómo, ni en la misma muerte, había podido separar a Almag de su bella princesa.