PILCUÁN, EL GUERRERO VALIENTE


Hace muchos años los hombres vivían muy contentos, pues no había ninguna clase de preocupaciones; los niños estaban sanos, los campos producían abundantes cosechas y hacia muchos años no se habían vuelto a usar armas de guerra. En ese entonces si alguien se moría era de puro viejo. Pero un día cambiaron las cosas… un indio bajo corriendo de las montañas y cayó muerto en la puerta de la cabaña del jefe de los imúes. Todos los hombres corrieron a ver que le había pasado a su compañero, pero no encontraron ninguna herida, ni golpe que indicara la causa de la muerte. Lo extraño fue que así continuó pasando y los indios fueron apareciendo muertos uno tras otros.

__Nuestro pueblo ha llegado a su fin __dijo el jefe de los imúes que veía como se mermaba su población poco a poco.

__Yo lo evitaré gran jefe _ exclamó una voz gruesa y segura. Era Pilcuán, que en tiempos de guerra se había caracterizado por su valentía y arrogancia.

__yo acabaré con lo que está matando a nuestra gente __continuo Pilcuán, mientras todos lo aplaudían con fuerza y esperanza. Sin embargo, también sabían que el guerrero no podía hacer mucho, porque el enemigo parecía superior y además Pilcuán ya estaba un poco viejo.

El jefe de los imúes, que sabia de la valentía de Pilcuán, acepto que fuera él quien se enfrentara al extraño peligro, y para demostrarle su confianza le dio un arma secreta que tenia guardada y que sólo debía ser utilizada en un caso como este.

Pilcuán tomó el arma secreta y una mañana se encaminó hacia el lugar de donde venían los muertos. Escaló las empinadas montañas y desde la cima vio la causa de tragedia: era un monstruo gigantesco con grandes colmillos y un cuerpo escamado, que desprendía un olor pestilente y mortal.

Pilcuán se tapó la nariz y se abalanzó contra el gran monstruo desenfundando el arma secreta. El animal al ver esta minúscula figura lanzó unos terroríficos alaridos que retumbaron como un trueno. Pilcuán, ágil como un felino, clavó su arma en la larga cola de la bestia que, enfurecida, comenzó a dar azotes y uno de ellos fue a dar sobre el cuerpo del guerrero. Este rodó aparatosamente por el valle. Tendido en el suelo, pensaba en la promesa de liberar a su pueblo y con su extraordinaria arma se levantó y la clavó una y mil veces en el cuerpo del valiente hombre.

En lo alto de la montaña, los imúes veían cómo combatían los dos enemigos y sin poder hacer nada, esperaban que fuera Pilcuán el gran vencedor. Mucho tiempo duró la gran batalla, hasta que el muestro cayó pesadamente en medio de estruendosos gruñidos. Pilcuán, herido de muerte, levantó el arma en señal de victoria y cayó lentamente, cerca del animal vencido. Los hombres corrieron a socorrerlo, pero ya era demasiado tarde, el héroes ya estaba muerto.

No hubo tristeza por su muerte, porque era así como Pilcuán quería morir. Hicieron una gran fiesta de despedida y el lugar recibió el nombre de valle de Pilcuán. La bestia fue dejada en el lugar en que cayó, como trofeo al coraje del más valiente de los guerreros.