Chautec y la Lluvia

Al principio, el agua se estaba acabando porque Chautec, un hombre gigantesco, se había bebido toda el agua de los ríos y había empezado a recoger toda la lluvia en su gran boca. A medida que tomaba agua, su cuerpo iba creciendo más y más. Cuando los demás hombres le pedían un poco de agua, Chautec se enfurecía y arrojaba rayos por sus ojos. Nadie podía arrebatarle siquiera una gota de agua a Chautec.


El pájaro carpintero al ver que nadie podía tomar agua, decidió enfrentarse a tan gigantesco enemigo. En las noches, Chautec acostrumbraba dormir profundamente con su boca abierta, por si llovía mientras él dormía. El pájaro carpintero aprovechó que su sueño era muy pesado, para intentar robarle un poco de agua. Voló lo más alto que pudo y se dejó caer con fuerza para estrellarse en la panza del gigante. Pero lo único que logró fue abrir el ombligo de Chautec. Desde allí salía un chorrito, que los hombres aprovecharon para llenar vasijas, regar las matas y darle de beber a los animales.
Tan pronto amaneció, Chautec se levantó y al ver que de su panza salía agua, tapó el agujero con una mano y, furioso, comenzó a lanzar rayos por todas partes ahuyentando a los hombres y los animales, que huyeron en busca de un lugar para esconderse.

El pájaro carpintero estaba decidido a acabar con Chautec. Llamó a todos sus hermanos y les propuso un plan. Al caer la noche y mientras Chautec estaba descansando, todos los pájaros carpinteros se pusieron en fila, con sus agudos picos bien erguidos. Pero antes, avían hecho que todos los hombres son sus familias y animales marcharan hacia lo alto de las montañas.

Cuando estuvieron listos, todos los pájaros carpinteros se lanzaron sobre chautec y entonces una gran explosión sacudió la tierra: el gigante voló en mil pedazos y el agua comenzó a rodar por todas partes, firmándose el mar y todos los iros. Algunos pájaros carpinteros cayeron al agua, dando origen a todas las variedades de peces. Los hombre bajaron de las montañas con sus familias y animales, habitaron en los valles y vivieron muy agradecidos de la valentía del gran pájaro carpintero.